cuando lo que se trata es de implantar el terror: mantenerse lúcido

leo en la blogosfera (aca) una excelente mirada independiente de clarin y de 678, para mi muy recomendable.

No fue un disparo en un cielo sereno

O como ahora se hacen todos los boludos

*Andres Gibson, estudiante de Ciencias de la Comunicación

No extraña que muchos Argentinos estén completamente sorprendidos por el asesinato de Mariano Ferreyra. Lo que extraña –o indigna, o hierve la sangre– es que el gobierno y los medios quieran posar de sorprendidos; quiero repasar unos pocos casos, que cualquiera puede buscar en google, para que vean el punto:

10-10-06: una patota ingresa al Hospital Frances, entonces ocupado por sus trabajadores que luchaban contra el vaciamiento y cierre de la institución; desalojan violentamente el lugar, golpeando a trabajadores y pacientes, y destruyendo las instalaciones. La infantería llegó tarde al lugar, para proteger a los agresores.

10-11-07: una patota del Sindicato Obreros Marítimos Unidos (SOMU), ingresa “sin ser detectada” a Puerto Madero (la zona mas vigilada de la Capital Federal), y luego al Casino Buenos Aires, el predio mas vigilado de Puerto Madero; atacan una asamblea de trabajadores del Barco Casino que discutía las terribles condiciones de trabajo del lugar, y luego son rescatados por la prefectura. El dueño del Casino, Cristobal Lopez, era un empresario muy cercano al Gobierno de Kirchner. El gremio SOMU, orgullosamente pintaba que el próximo presidente iba a ser “pingüino o pingüina”. Por lo tanto, no solo no hubo detenidos, sino que los trabajadores fueron reprimidos varias veces por la prefectura.

16-01-08: en Dana, una empresa autopartista, un piquete de trabajadores que reclamaban su reincorporación fue atacado por una patota que llega trasladada en dos camionetas y una utilitaria, formados y equipados con varas de metal; el saldo fue de varios heridos y varios autos quemados. La policía justo no estaba en ese momento.

21-02-08: Una patota de la UTA atacó a los trabajadores de la línea 60 que luchaban por el reconocimiento legítimo de sus delegados de base (opuestos a la conducción central). Hubo disparos, pero no muertos.

11-12-08: Desde distintos puntos del país, se juntó una patota del gremio ATILRA (lácteos) para invadir la central local del gremio, opuesta a esa conducción. En la refriega muere un obrero Cordobés de un disparo, pero el escándalo no llega a mayores porque era miembro de la partida agresora. La patota caminó a sus anchas por la ciudad, portando cada uno relucientes garrotes nuevos, sin que la policía los molestara.

5-02-09: Una patota de la UTA irrumpe en la línea D del subte con la intención de interrumpir la elección del nuevo sindicato AGTSyP. Hay fotos que muestran claramente que portaban armas de fuego. No hubo detenidos, ni demorados.

22-5-09: una patota del Sindicato de Petroleros Privados, dirigido por “Chaco” Segovia, afín al kirchnerismo, atacó a trabajadores petroleros mal enrolados en la UOCRA, que cortaban el acceso a una refinería en Punta Loyola, Santa Cruz.; la policia caminera había sido alertada, pero no sólo dejó pasar las camionetas de la caravana de matones, sino que apareció por el lugar recién varias horas después del hecho.

6-9-09: La casa de Néstor Segovia, delegado de AGTSyP, es atacada por miembros de una patota de la UTA con la Policía Bonaerense; destruyeron las instalaciones del comedor popular que allí funcionaba e hirieron a su hijo de un balazo de goma.

19-02-10: en la construcción de Atucha II, trabajadores de Techint reunidos en asamblea en reclamo de salarios fueron atacados por una patota de la UOCRA, con un saldo de dos heridos de arma blanca hospitalizados. Habían entrado al predio con “tarjetas de visitante” habilitadas.

¿Que tienen en común todos estos casos? Todos fueron ataques de la burocracia sindical contra sectores de trabajadores que reclaman mejoras en sus condiciones de vida, por fuera de la dirección podrida de sus gremios.

En todos hubo inacción por parte de la policía, más o menos alevosa; lo que llamamos “zona liberada”.

Todos fueron denunciados a las autoridades y la justicia; o sea, puestos en conocimiento del gobierno. Todos quedaron impunes.

En todos los casos, los medios encubrieron las agresiones, calificando de “interna gremial”, lo que en realidad eran ataques salvajes a la organizaciones independientes de los trabajadores, perpetuados por barrabravas y trogloditas; y ordenados por los jerarcas de la CGT -esos barrabravas y trogloditas de traje y corbata.

Todos ocurrieron durante el gobierno de los “derechos humanos”; ninguno fue condenado por el gobierno de los Kirchner; algunos fueron instigados, protagonizados o encubiertos directamente por sectores del gobierno. Ese es el Kirchnerismo “real”, el que no sale en 6,7,8.

La hipótesis del loco suelto

“Si hay un tarado que sale de su casa, motivado o con mala fe, estamos hablando de un asesino. ¿Usted quiere que me haga cargo de un asesino?”, (LPO); esas fueron las declaraciones de Anibal Fernandez. Esa declaración anuncia la estrategia mediática del gobierno: encontrar un tarado, meterlo en cana y cerrar el caso.

¿Estamos entonces ante un tarado, un error, un exceso? ¿Un asesino individual? ¿O frente a un accionar repetido y sistemático? O sea, un sistema asesino.

Porque Mariano no murió enfrentando a un asesino, un tarado. Murió luchando contra la tercerización del trabajo, y la miseria de los salarios. Murió luchando contra las patotas sindicales que hoy hostigan a los trabajadores de todo el país, que censuran su voz, que acallan sus reclamos. Que creen que pueden matar para defender sus negocios, y los ajenos. Que creen que la impunidad del poder no tiene límites. Contra todo eso luchaba Mariano cuando le destrozaron el torax de un balazo.

Se equivocaron: esta vez las balas si van a volver, como gritan miles de gargantas hoy en todo el país, pero no como disparos: como nuevas conciencias, como corazones inflamados; Mariano va a ser miles y miles combatiendo por barrer a esta burocracia sindical de mierda de todo el país.

Y esa es, sin discusión, la mejor manera de homenajear a un compañero caído en la lucha: siguiendo su lucha hasta el final.

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